03 Mar Santos Hernandez: El luthier que marcó la historia de la guitarra

Hay figuras en la historia de la guitarra que no solo construyeron instrumentos: moldearon el sonido de toda una cultura musical. Santos Hernández fue una de ellas. No fue un constructor mediático ni especialmente prolífico, pero su sensibilidad acústica y su comprensión del momento musical que vivía España lo convirtieron en uno de los nombres fundamentales en la evolución de la guitarra flamenca y clásica del siglo XX. Santos Hernández es, sin lugar a dudas, uno de los máximos referentes, junto a D. Antonio de Torres y Hermann Hauser, de la construcción de guitarras a lo largo de la historia.
Comprender su trayectoria es comprender cómo la guitarra pasó de acompañar el cante en cafés cantantes a convertirse en instrumento solista con identidad propia.
Inicios
Nacido en Madrid en 1873, Santos inició su trayectoria como aprendiz en el taller del guitarrero Valentín Viudes. Tras un breve periodo allí, se trasladó a Granada para trabajar con José Ortega, regresando poco después a Madrid para colaborar con Saturnino Rojas y en la renombrada tienda de Francisco González.
En 1893, Santos fue reclutado y destinado a una unidad de artillería, cumpliendo cinco años de servicio militar y participando posteriormente en la Guerra Hispanoamericana en Cuba.
En 1905, fue contratado por Manuel Ramírez como capataz para sustituir a Enrique García, quien se había trasladado a Barcelona para fundar su propio taller. Tras el fallecimiento de Ramírez en 1916, Santos continuó trabajando para su viuda hasta 1920, Varios de los modelos construidos en esta etapa llevaban las iniciales S.H. o D.E. en la esquina de la etiqueta. Finalmente, en 1921, abrió su propio taller en la Calle Aduana nº 27 de Madrid, que se convirtió en un punto de encuentro de los mejores guitarristas de la época, tanto clásicos como flamencos: Miguel Llobet, Andrés Segovia, Daniel Fortea, Ramón Montoya, Sabicas y Luis Molina, entre otros.

A pesar de estar trabajando para la viuda de Ramirez, en 1918 Santos Hernandez abrió su propia tienda en Madrid, sin descuidar el trabajo de la viuda. Estas guitarras son las que llevan la etiqueta con la dirección Plaza de Nicolas Salmerón, hasta que abre su taller definitivo en 1921 en la Calle Aduana 27, y posteriormente nº 23 a partir de 1931.

La guitarra de 1912 que cambió su destino
La reputación de Santos Hernández creció de manera extraordinaria cuando se supo que él fue el verdadero autor de la guitarra de 1912 firmada por Manuel Ramírez, instrumento que utilizaría durante gran parte de su carrera Andrés Segovia.
La historia de esa guitarra es ya parte de la leyenda de la guitarra española.
Segovia tenía apenas 18 años cuando llegó al taller de Manuel Ramírez en Madrid. Había viajado desde Córdoba con la intención de ofrecer un concierto, pero no estaba satisfecho con el instrumento que poseía. Necesitaba una guitarra que estuviera a la altura de sus aspiraciones artísticas.
Propuso algo inusual para la época: alquilar el mejor instrumento disponible, con la intención de comprarlo más adelante si respondía a sus expectativas. Aunque era habitual alquilar pianos, no lo era alquilar guitarras.
Ramírez aceptó considerar la propuesta y pidió a Santos Hernández que trajera una guitarra construida recientemente para un músico llamado Manjón, que había rechazado el instrumento tras criticar su volumen, su sustain y ciertos detalles de ejecución.
Según el propio relato posterior de Segovia, cuando aquel cliente despreció la guitarra, Ramírez se indignó profundamente y prefirió no vendérsela antes que rebajar su valor.
Cuando Segovia probó el instrumento, la historia dio un giro inesperado. Al escuchar al joven guitarrista, Ramírez comprendió el talento que tenía delante y decidió entregarle la guitarra. Aquella Ramírez de 1912 sería utilizada por Segovia durante aproximadamente veinticinco años.
Aunque llevaba la etiqueta de Manuel Ramírez, la mayoría de los estudiosos coinciden en que su construcción fue obra principal de Santos Hernández.

La reparación y la etiqueta
En 1922, Segovia regresó al taller de Santos Hernández para reparar aquella célebre guitarra. Santos, consciente de que él había sido su constructor, sugirió sustituir la etiqueta original por la suya.
Segovia se negó a realizar ese cambio, pero permitió que Santos añadiera una etiqueta adicional en el interior con la inscripción que acreditaba la reparación.
Ese detalle refleja tanto la importancia histórica del instrumento como la posición discreta que durante años ocupó Santos Hernández a la sombra del nombre Ramírez.
La ruptura y “la inédita”
La relación entre Santos Hernández y Segovia no se mantuvo intacta.
A mediados de la década de 1920, Segovia mostró a Santos una réplica exacta de la guitarra de 1912 construida por un luthier suizo. El guitarrista se mostró entusiasta respecto a las virtudes de aquella copia.
En ese momento, Santos estaba trabajando en una nueva guitarra destinada a Segovia. La actitud del intérprete fue percibida como un desaire. Además, parecía mostrar escaso interés por el instrumento que el propio Santos estaba construyendo especialmente para él.
La reacción del guitarrero fue tajante: decidió no entregarle aquella guitarra y conservarla. La bautizó como “la inédita”.

Décadas más tarde, ya en los años setenta, el sobrino de Santos Hernández, Santos Bayón, vendería ese instrumento tras el fallecimiento de la viuda del constructor, convirtiéndolo en una pieza histórica de enorme valor.
La guitarra en el estreno del Concierto de Aranjuez
Otro episodio que vincula directamente a Santos Hernández con la gran historia de la música española es el estreno del Concierto de Aranjuez.
En 1940, el guitarrista Regino Sainz de la Maza estrenó la obra de Joaquín Rodrigo en Barcelona utilizando una guitarra construida por Santos Hernández.
El Concierto de Aranjuez marcaría un antes y un después en la proyección internacional de la guitarra como instrumento solista dentro del repertorio sinfónico. Que una guitarra de Santos estuviera presente en ese momento histórico no es un detalle menor.

Esto confirma algo fundamental: sus instrumentos no solo estaban ligados al desarrollo del flamenco moderno, sino también a la consolidación definitiva de la guitarra en el ámbito clásico de concierto.
En cierto modo, la obra de Santos Hernández sirvió de puente entre dos mundos que durante décadas habían evolucionado en paralelo: el flamenco y la guitarra clásica de escenario internacional.
Formación y madurez como constructor
Santos Hernández nació en Madrid en 1874 y desarrolló su formación en el entorno guitarrero de la capital, bajo la influencia indirecta del legado de Antonio de Torres.
Su etapa en el taller de Manuel Ramírez fue decisiva, no solo por el perfeccionamiento técnico, sino por la responsabilidad que asumió dentro del proceso constructivo.
Tras la muerte de Ramírez, abrió su propio taller en Madrid y consolidó su identidad como constructor independiente.
Esta etapa representa su madurez:
– Consolidación de una plantilla estilizada y elegante
– Refinamiento del sistema de varetaje
– Búsqueda de equilibrio entre potencia y control
– Producción limitada y extremadamente cuidada
El encuentro con el flamenco moderno
Paralelamente, la evolución del flamenco exigía nuevas cualidades al instrumento. La figura de Ramón Montoya fue clave en este proceso.
La guitarra debía proyectar más, responder con rapidez al ataque y mantener claridad en el picado y el rasgueo. Santos Hernández supo interpretar esa necesidad y muchos consideran que sus instrumentos marcan el inicio del modelo flamenco moderno.
Características técnicas de sus guitarras
Las guitarras de Santos Hernández parten de la tradición establecida por Torres, pero desarrollan un carácter propio.
Entre sus rasgos más reconocibles destacan:
– Tapa muy ligera y extremadamente sensible
– Respuesta inmediata al ataque
– Graves secos y definidos
– Agudos claros pero no estridentes
– Equilibrio tonal notable entre registros
– Acción cómoda adaptada al toque flamenco

Cada instrumento parece concebido para dialogar con el músico, no para imponerse por volumen sino para ofrecer control, matiz y musicalidad.
Legado
Santos Hernández falleció en 1943. Su producción no fue numerosa, lo que incrementa hoy el valor histórico de sus guitarras.
Su legado puede resumirse en varios aspectos fundamentales:
– Consolidación del modelo flamenco moderno
– Influencia en la escuela madrileña posterior
– Integración entre tradición clásica y evolución flamenca
– Sensibilidad artesanal orientada al intérprete
Más allá de la anécdota histórica o del valor de mercado, su verdadera importancia reside en haber comprendido que la guitarra debía evolucionar junto al músico. Y en ese diálogo silencioso entre constructor e intérprete, Santos Hernández ocupa un lugar irreemplazable.
Entre los instrumentos que ofrecemos, se encuentra una guitarra de Santos Hernández. Es una oportunidad única para quienes quieran experimentar el sonido auténtico de uno de los grandes constructores de la guitarra española. Más detalles y fotografías están disponibles en nuestra sección de guitarras en venta o haciendo clic sobre la imagen inferior de la guitarra.
